sábado, 6 de abril de 2013

Amor de Cantina - parte 1

Doblo la esquina y se adentro en un callejón, abrió un vieja puerta y entro al edificio, subió las escaleras y en la segunda puerta de la izquierda. Puso canda a la puerta, saludo al retrato de su padre y entro al baño. Puso sus manos sobre el lavabo como lamentándose y se vio al espejo. Enderezo su postura mostrando el poco orgullo que le quedaba. Se quito la peluca y se dispuso a contemplar su calvicie, esa calvicie que las terapias contra el cáncer le habían otorgado, cáncer que ahora formaba parte de todo su ser. Se quito el maquillaje y logro ver de nuevo su cara cansada de tanto luchar durante largos años contra su enfermedad.
Se quito su vestido azul, le dedico un pensamiento y una lagrima a ese hombre que había conocido esa noche y cayó dormida del cansancio.
Al día siguiente se despertó mareada y vomitando, se lavó la cara y la boca, se dirigió a su armario y tomo su hermoso vestido rojo, era el vestido que ella tanto adoraba y que cuidaba con tanto cariño y el que había guardado para una ocasión muy especial. Se dirigió al baño y arreglo su cara frente al espejo, tomo el vestido, lo miro con cariño mientras acariciaba la tela con la que estaba hecho, se lo colo con mucho cuidado, haciéndolo suyo, uniéndose a el. Se puso la peluca y se hizo un hermoso peinado, se vio al espejo y se dijo: “igual de hermosa que hace unos años, bueno, casi igual”. Se sentó en una silla del comedor para colocarse sus tacones, se puso de pie y su mirada se nublo por un momento, se recupero y logro ver a un hombre vestido con un hermoso traje. El hombre se acerco a ella, la tomo del brazo y le dijo al oído “he venido a ayudarte”, ella solo le respondió con una sonrisa nerviosa -”Gracias”- mientras que por su mejillas rodaban un par de lagrimas. Dio un paso y sus piernas se colapsaron, el hombre la sujeto de la cintura mientras sostenía su mano, la puso de nuevo de pie y le volvió a decir al oído “yo se que tu puedes, sabes que te voy ayudar”, esta vez estuvo a punto de soltarse en llanto pero aquel hombre por alguna razón la reconfortaba. Siguió avanzando hasta que llego a su cama, se recostó en ella durante unos segundos para descansar sus ojos. Al despertar noto que la puerta estaba semi abierta, la abrió y logro ver a aquel hombre en el pasillo fumándose un cigarrillo, el la volteo a ver y le sonrió dulcemente mientras dejaba escapar el humo de entre sus labios, se acerco a ella y la tomo de la mano. Le acaricio la mejilla y le dijo “es hora de irnos” mientras dirigía su mirada a la cama. Fue cuando ella lo vio y soltó una lagrima de felicidad y otra de tristeza. Tomo al hombre del brazo y camino con el por el pasillo mientras dejaba atrás su ser. - “En verdad te ves hermosa”- “Gracias”.

Amor de Cantina - parte 2

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